Quién fue Agustina de Aragón

Aragón es una tierra con mucha historia dentro de sus fronteras y hoy, en concreto, vamos a examinar la figura de una de sus mujeres más representativas: Agustina de Aragón.

Su nombre completo fue Agustina Raimunda Saragossa i Domenech y su lugar de nacimiento fue la ciudad condal, Barcelona, en el año de 1786. Aunque su nombre y apellidos eran bastante grandilocuentes, entre el populacho se le conocía como La Artillera. Esta patriota defendió a cañonazo limpio la zona del Portillo de Zaragoza, en el desarrollo de la Guerra de Independencia contras las fuerzas de Napoleón. A pesar de que los batallones de Zaragoza eran inferiores en número y tecnología, gracias a personas como Agustina de Aragón, fue posible defender la capital del Ebro.

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El papel de Agustina de Aragón en la defensa de Zaragoza

Su fama es debida a que el 2 de julio de 1808 en el baluarte del Portillo, Agustina de Aragón sustituyó a unos artilleros fenecidos en la batalla, conteniendo la entrada de los galos. Los galos reblaron finalmente alrededor de 40 días más tarde y todo fue gracias a la rápida reacción de la aragonesa.

Agustina Raimunda, que obtuvo el rango de subteniente por esa incursión en el oeste de la ciudad de Zaragoza, continuó batallando en los años sucesivos, con la compañía del cabo de artillería Joan Roca I Vilaseca, con el que había contraído santo matrimonio ya en 1803, cuando Agustina contaba con tan solo 16 años de edad.

Aunque, finalmente, el sitio de Zaragoza fue victorioso para las tropas francesas seis meses más tarde, y Agustina fue capturada, consiguió huir y luchar al lado de Joan en Tarragona y en las Vascongadas para que España pudiera volver a recuperar su soberanía. Sin ningún tipo de dudas, este tipo de heroínas hicieron que cambiara el curso de la guerra.

El devenir de la guerra de la Independencia en Aragón y el centro de España

Queremos invitaros a realizar un viaje a través de la historia de la Guerra de la Independencia española y los misterios que encerró. Poco antes del verano de 1808, las fuerzas napoleónicas al mando del general Ducos iniciaron una ofensiva con la que consiguieron ocupar Bilbo, Jaca y Gerona, amenazando la ciudad de Zaragoza.

Después de un año de guerra de la Independencia intensa en España, los nacionales del general Blanke se encontraban a punto de entrar en Alcañiz y la ofensiva napoleónica en Aragón pretendía impedir la pérdida de la plaza vasca y del frente norte, que aún se resistían.

A principios de agosto, el avance de las tropas imperiales se encontró con un grave escollo. El pueblo de Almonacid. Bien fortificado, y con una guarnición borbónica de unos 20000 efectivos, resistieron hasta el asedio. Pero cañonazos y asaltos constantes, acabaron con las tenues defensas que solo resistieron hasta el 11 de agosto de 1809. Almonacid quedó completamente arrasado y se calcula que los muertos en la batalla fueron más de 6000.

Más adelante, acontecieron otras sangrientas batallas por toda la geografía nacional hasta que en un momento dado, se invirtió la tendencia. La guerra de la Independencia se alargó hasta el año 1814, y gracias a una buena combinación de heroicidades y al apoyo inestimable de los aliados, se consiguió hacer retroceder a las fuerzas francesas y poner fin a las ambiciones de conquista del emperador Napoleón Bonaparte.

La vida de doña Agustina de Aragón después de la guerra de la Independencia

Después de la guerra, en la que fue condecorada y en la que participó hasta la fase final, en la batalla de Vitoria abandonó la vida castrense. Menos de una década después del final del conflicto bélico y tras veinte años de matrimonio, en 1823, su marido Joan Roca i Vilaseca fallecía tras sufrir una larga y grave enfermedad. Agustina de Aragón rehízo su vida y se casó con el médico Juan Eugenio Cobo de Mesperma, con la que tuvo una niña de nombre Carlota.

Las desavenencias de la pareja se acentuaron por motivos ideológicos, porque Juan Eugenio se decantó por el bando carlista. Tras esta decisión, Agustina se marchó con su hija Carlota a África, en donde se afincó en la ciudad de Ceuta. El motivo de este traslado fue que su hija estaba casada con un militar que estaba destinada en esta ciudad del norte del continente africano.

A mediados del siglo XIX, en 1858, Agustina de Aragón falleció y dejó tras de si una impronta única que todavía es rememorada de vez en cuando en la comunidad autónoma de Aragón. Además, la inmortalizó Goya en sus grabados sobre Los desastres de la Guerra, Juan Gálvez en un precioso cuadro y también hay varios monumentos y calles dedicados a su persona en varias ciudades de España.

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